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Aldecaldo (más conocida como Clan o Familia Aldecaldo, o simplemente Aldecaldos) es una de las Siete Naciones de nómadas que habitan Norteamérica durante los acontecimientos de Cyberpunk 2020 y Cyberpunk 2077.

La familia Aldecaldo fue la primera de todas, aunque al principio no eran nómadas, sino víctimas de la ciudad. Antes del Colapso, Los Ángeles era tal vez una de las mayores ciudades del mundo y, en algunos barrios, de las peores. En los ochenta y los noventa, algunas partes de Los Ángeles degeneraron en zonas de guerra, como tantas ciudades del interior de EE.UU. Había una escalada de narcotráfico, prostitución, actividades de bandas, robos, incendios provocados y cualquier otro tipo de violencia. Lo único que no había era esperanza.

Trasfondo[]

Los Ángeles no era sólo un sitio donde se rodaban películas, sino también el escenario de muchas de ellas, sobre polis y bandas, ricachones y famosos, ambientadas en la misma ciudad. Todavía no han hecho una película sobre Juan Aldecaldo y, con todo lo que ha ocurrido, nunca la harán. La historia de Juan empieza antes de eso, antes de que el terremoto sumergiera gran parte de L.A. en el mar...

Juan empezó su vida como inmigrante. Tuvo un hogar estable y una buena educación en las escuelas de California. Fue el primero de su familia en ir a la Universidad y se graduó en ingeniería. De allí fue a parar a la industria militar y trabajó duro para que su familia viviera en buenas condiciones. Si las cosas no hubieran cambiado nadie habría oído hablar de él.

La industria armamentística sufrió muchos reveses en las dos décadas previas al Colapso. A falta de guerras y de presupuesto, tuvo que recortar gastos y Juan perdió su empleo. Gran parte de la familia extendida Aldecaldo dependía de Juan, así que éste hizo todo lo que pudo para ayudarlos; desde trabajar en una verdulería para pagar las deudas hasta vender la casa para no pasar hambre. A pesar de sus esfuerzos, la familia tuvo que irse a barrios cada vez más baratos, hasta que se encontraron en el peor suburbio de la ciudad. Él le suplicó a su hijo y a su hija que siguieran en la escuela para escapar de un futuro negro. Su hija, María, murió en un accidente de coche un día antes de cumplir los diecisiete años. Su hijo Ramón, muy afectado por la muerte de su hermana, terminó abandonando la escuela y empezó a ver a una chica filipina que pertenecía a la banda de los Perros Rojos, en la que él también entró. Ramón murió acribillado, según se dijo, en un robo/homicidio en su decimonoveno cumpleaños. Su padre se encontraba cerca cuando ocurrió. La policía y, ni que decir tiene, los periodistas estaban en la escena del crimen. Nadie sabe qué le dijeron los reporteros a Juan Aldecaldo, pero su contestación fue emitida una y otra vez por las televisiones del país.

"¡No sé qué hacéis aquí! ¡Quiero ver la grabación de las cámaras de vigilancia! ¿Se os ha ocurrido siquiera mirarlas? ¿Qué sois vosotros, chacales y buitres que se alimentan de las pobres víctimas de este país? Mi hijo era un buen muchacha... decídselo a vuestra audiencia. Era un buen muchacho con una buena familia pasando momentos difíciles."

"Si hubiera podido estudiar habría sido un gran hombre, no como vosotros con vuestras cámaras, un buen hombre. Lo único que quería es que no amenazaran a su madre, que su familia tuviera un buen hogar. ¿Quién de vosotros tiene aspiraciones tan elevadas? Sois igual que la policía, que llega aquí y rellena su informe. Dicen que 'harán todo lo que esté su mano' para encontrar a los asesinos de mi hijo, ¡y es mentira!"

"La policía piensa que es un Perro Rojo menos, un número más en sus informes. No les importamos; no os importamos nada; ¡no tenéis corazón! Como el Rey de Washington. A él le da igual. Su mujer y su hijo están a salvo y sin una sola preocupación. ¡Decidle de mi parte a ese hijo de puta que venga aquí y me ayude a enterrar a mi hijo! ¡Que vea a esta familia destrozada, que vea lo que ocurre cuando uno es un buen hombre e intenta trabajar para ganarse la vida rebañando como un animal! ¿Cuándo se ha interesado ese politicastro por alguien diferente de sí mismo? ¡Estaría dispuesto a vender a su madre por cuatro años más en el cargo!"

"¡Decidle a ese pendejo hijo de perra que la próxima vez que alguien venga a mi casa será mejor que traiga una respuesta para este sufrimiento! ¡No es más que basura para los trabajadores, un traidor! ¿Quién dirigirá a nuestra gente? Él, desde luego, no; estará lamiéndole las botas a sus amos y guardando sus treinta monedas. ¡Vamos, fuera de aquí, dejadme solo!"

El breve alegato de Juan causó una reacción que él no había previsto. Al entierro de su hijo asistieron más de siete mil personas. El cura de su parroquia, un hombre llamado Jonah Domínguez, pronunció un sermón apasionado que emocionó a la multitud; todos habían perdido algo por la violencia de las bandas. Juan Aldecaldo no hizo otra cosa que contemplar sentado la inhumación de su hijo.

Después del funeral, Juan perdió su voluntad de vivir. Su mujer había muerto de cáncer unos años antes, así que lo único que le había hecho seguir adelante era su orgullo por sus hijos, que ya no existían. El Padre Domínguez iba a verlo a menudo y, después de un tiempo, Juan se incorporó a su pequeña misión, trabajando para ayudar a los huérfanos y niños desprotegidos. Un día los dos fueron heridos en un asalto de una banda local a la misión, lo que los hizo reaccionar. El Padre Domínguez (que posteriormente sería conocido simplemente como el Padre) estaba cansado de luchar contra un enemigo que no daba la cara y Juan Aldecaldo estaba harto de ver cómo a otros les ocurría la misma desgracia que él había sufrido.

Empezaron con la manzana donde estaba la casa de la misión. Se hicieron con armas, reunieron a unos cuantos fieles y empezaron a montar guardia desde los tejados. Llamaban a la policía continuamente, así que las patrullas tuvieron que llevar más bolsas para cadáveres en los coches. Primero fue una manzana, después dos y, más tarde, cuatro. Las bandas, escarmentadas, empezaron a atacar deliberadamente a los defensores, pero ello atrajo a más gente a la causa, deseando librarse de las alimañas que infestaban la ciudad. De este modo, pronto controlaban una pequeña parte de Los Ángeles Este, pero a las autoridades no les gustaba demasiado que los ciudadanos tomaran las armas, sobre todo porque ponía en evidencia su inoperancia. El acoso de las autoridades y los ataques de las bandas siguieron aumentando, hasta que resultó evidente que las cosas no mejorarían en L.A., de modo que los descontentos se marcharon una noche, casi cinco mil entre los que vivían en la zona de Juan y el Padre y los que estaban hartos de la ciudad. Muchos se quedaron satisfechos de verlos partir, pero nadie estaba tan contento como ellos. Eligieron irse en verano para trabajar en el campo y después buscaron otras formas de ganarse la vida.

Al año siguiente, la central de Pitt-Arco tuvo el accidente y el Gobierno Federal contrató al grupo Aldecaldo para recuperar "recursos concretos". Unos años después los Joads les arrebatarían el contrato de Los Ángeles, un golpe del que tardaron años en recuperarse, pero el clan tenía una base económica firme. Juan y el Padre fueron unos buenos líderes en los comienzos y no se consideró la posibilidad de relevo. La celebridad de Juan, a pesar de lo poco que duró, mantuvo la atención de los periodistas, lo que contribuyó a evitar represalias de la policía u otros. Para cuando llegó el Colapso, los Aldecaldos estaban bien armados y preparados para defenderse.

En 2002, el Padre murió de un ataque al corazón mientras dormía. Juan siguió luchando solo, dirigiendo a la familia lo mejor que pudo, y los Aldecaldos continuaron prosperando y creciendo bajo su liderazgo. Al envejecer empezó a buscar a un sucesor, aunque no encontró a nadie durante mucho tiempo. El Consejo propuso unas elecciones, pero Juan no quería que la política se entrometiera, ya que sabía que cualquier tipo de competición interna arruinaría a la familia. Justo antes de que se firmara el contrato de reconstrucción de Ciudad de México, Juan Aldecaldo tuvo un ataque al corazón que, a pesar de su gravedad, no impidió que siguiera dirigiendo a la familia.

Los años en Ciudad de México fueron buenos para el Clan. La salud de Juan mejoró y la familia tuvo tiempo de consolidarse y reequiparse. Aunque el trabajo era muy desagradable, resultó también muy lucrativo. Cuando los caminantes de la Larga Marcha pasaron por México, los Aldecaldos los ayudaron, además de a otras familias nómadas que lo necesitaban. El Gobierno Federal no estaba satisfecho con el comportamiento de los Aldecaldos, por lo que intentó impedir que volvieran a cruzar la frontera, pero había demasiados nómadas y poca guardia de frontera.

Cuando el Clan regresó a los EE.UU. en 2015, trajo consigo algunas cosas más: los restos de Juan Aldecaldo, para enterrarlo junto a su mujer y sus hijos en Los Ángeles; un nuevo grupo de nómadas de la Larga Marcha, descontentos con la forma en que los habían tratado; y también trajeron de vuelta al Rockero preferido de los norteamericanos, Johnny Silverhand, que se había escondido entre ellos durante casi dos años. Sin embargo, la novedad más destacada era el nuevo líder: un hombre llamado Santiago. Nacido en Los Ángeles, criado en el Clan y veterano en las relaciones con la Larga Marcha, el carismático Santiago fue designado como sucesor por Juan Aldecaldo en su lecho de muerte. Durante muchos años lo llamaron simplemente Santiago, pero ahora es Santiago Aldecaldo.

Miembros destacados[]

Cyberpunk 2020[]

Cyberpunk 2077[]

  • Saul.
  • Dakota Smith.

Galería[]

Apariciones[]

Fuentes[]

WINN Ross, OPPEN Eric y LONGORIA Dan, Neotribus, los nómadas de Norteamérica, La Factoría de Ideas, Madrid, junio de 2000, traducción del inglés al castellano por Óscar Díaz García, 122 p. il. 28x22 cm, rúst., ISBN 84-8421-970-4.

BATYLDA Marcyn, MILLS Patrick y BOIRET Alex, The World of Cyberpunk 2077, Panini España S.A., Girona, julio de 2020, traducción del inglés al castellano por Héctor Lorda, 192 p., 22x30 cm, rúst., ISBN 84-13344-07-7.

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